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El
museo etnológico de Puerto Seguro recoge multitud de
objetos, útiles, enseres, herramientas, aperos y arreos
usados, algunos hasta hace poco, en este rincón de la
provincia de Salamanca.
Este
museo trata, principalmente, de la recuperación de las
palabras que nombran multitud de objetos, que al caer en
desuso, pierden el significante. Es, a la vez, un museo
etnográfico, porque trata de describir los objetos y su
utilidad; pero también es etnológico porque compara
los rasgos propios de una cultura casi desaparecida con
las características de una sociedad actual con
numerosas influencias “forasteras”.
El
museo se ubica en una modesta casa con corral situada
tras el Ayuntamiento. La entrada se hace por el patio,
donde se han distribuido poyos, pilones, objetos de
labranza, un escaño y un escabel.
En
la fachada de la casa la puerta de la derecha da acceso
al taller, ocupando el espacio de lo que fuera la
cuadra, donde se ha conservado el pesebre sobre el que
se han colocado arreos de las ganaderías. También hay
una curiosa balanza decimal en la que podrás conocer tu
peso.
La
puerta de la izquierda da entrada al museo por el portal
donde se localiza un pozo con brocal de piedra en el
suelo y donde se han dispuesto un palanganero, una
colección de llaves y candados, un teléfono de
manivela y una cantarera junto a otros objetos
distribuidos por la estancia.
Desde
el portal se accede a dos salas, a la cocina y por la
escalera al domicilio particular de los propietarios. La
primera sala se ha ambientado como dormitorio, con una
cama de hierro que se puede plegar, un lavabo de madera,
una cuna, una cómoda y un chinero con multitud de
objetos de aseo, del ajuar o de las actividades domésticas.
En
la segunda sala, antaño dividida la mitad de ella en
dos “alcobas”, se distribuyen numerosos objetos
relacionados con la escuela y con la matanza y multitud
de herramientas de carpintero, zapatero, labrador,
panadero y alarife (albañil).
La
cocina presenta una chimenea que fue modificada hace
muchos años a los usos de la época y donde se pueden
contemplar útiles de la lumbre, ollas de hierro y de
barro, un platero y una espetera con numerosos objetos,
medidas de vino y aceite, latas de alimentos y unos
“pintores” o sellos del pan.
La
visita a este museo permite conocer y recordar multitud
de enseres, herramientas y utensilios que han sido
utilizados a través de los tiempos por nuestros abuelos
y abuelas, muchos de los cuales fueron fabricados por
ellos mismos aprovechando los materiales naturales del
entorno y el ingenio de la gente del mundo rural. No son
objetos valiosos pero nos hablan de un valor basado en
lo indispensable y de la forma de adaptarse a lo que se
podía disponer.
Este
humilde museo pretende ser un alto en nuestra ajetreada
vida moderna para contemplar en calma la pausada vida de
un pueblo. Pretende ser una mirada hacia atrás en
nuestra historia cotidiana para apreciar y valorar la
dureza y sobriedad de la forma de vivir de nuestros
antepasados. Es un homenaje sencillo de admiración a
las personas que con su ingenio y tesón lucharon por
hacernos una vida más cómoda.
Texto:
Javier Perals
Fotos:
José Ignacio Herrero y Emilio Calvo.
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