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Emilio Lorenzo
Criado, miembro de la Real Academia Española, falleció ayer
por la tarde en su domicilio de Madrid, a los 84 años, según
informaron a Efe sus familiares. Reconocido como uno de los máximos
impulsores de los estudios de filología moderna y de lingüística
comparada en la Universidad española, Lorenzo fue catedrático
desde los años cincuenta de Lingüística Germánica e Inglesa
y más tarde de Filología Moderna en la Universidad Complutense
de Madrid. En esta universidad, en la que permaneció hasta su
jubilación, fundó en 1960 y dirigió hasta 1975 la revista Filología
Moderna. También estuvo muy vinculado a la Universidad
Internacional Menéndez Pelayo de Santander: dirigió sus cursos
de español para extranjeros desde el año 1966 hasta 1980 y fue
vicerrector de 1972 a 1980.
Emilio Lorenzo, que
estuvo pendiente de sus trabajos académicos hasta última hora
y que cayó enfermo hace apenas un mes, permaneció ingresado
unos días en la clínica de Puerta de Hierro de Madrid y el
pasado jueves fue enviado a su casa, en la que murió ayer por
la tarde acompañado de sus hijos. Anoche, estaba previsto que
sus restos mortales fueran trasladados al tanatorio de Tres
Cantos, donde será incinerado hoy, a las ocho de la tarde.
El director de la
Academia, Víctor García de la Concha, que lo visitó el pasado
viernes, declaró anoche que Emilio Lorenzo 'era uno de los académicos
más trabajadores' y vivía desde hace años entregado en cuerpo
y alma a su labor en la Academia'. 'Todavía me dijo que le
mandara [el viernes] trabajo de la Academia porque no quería
estar inactivo, y a la clínica también se había llevado sus
papeles de la Academia'. 'Era un gran germanista y fue el
impulsor de los estudios de filología moderna en la Universidad
española. En la Academia se ocupaba de todo lo referente a las
etimologías germánicas y sajonas, en general', dijo García de
la Concha.
El académico
fallecido nació en 1918 en Puerto Segura (Salamanca) y entre
sus obras destacan El español de hoy, lenguas en ebullición
y El español y otras lenguas. Fue elegido miembro de la
RAE en enero de 1980 en sustitución de Tomás Navarro. Su
candidatura fue presentada por Gonzalo Torrente Ballester,
Emilio Alarcos y Carmen Conde, se impuso en las votaciones al biólogo
Rafael Alvarado y ocupó hasta su fallecimiento el sillón h.
Dentro de la Academia, formó parte de la Comisión Gramática.
Cuando se produjo
su elección como académico, Lorenzo rindió homenaje a Dámaso
Alonso, Rafael Lapesa y Salvador Fernández Ramos, así como a
la generación precedente, la de Ramón Menéndez Pidal y Tomás
Navarro. Casi dos años más tarde, en noviembre de 1981, leyó
su discurso de ingreso en la Academia, titulado Utrum lingua
an loquentes (¿De quién es la culpa, de la lengua o de
los hablantes?), que fue contestado por Rafael Lapesa.
'Todo vale con tal
que enriquezca la lengua', declaró entonces Emilio Lorenzo en
una entrevista publicada en EL PAÍS. 'Cualquier innovación,
venga de donde venga, pero siempre que de verdad enriquezca la
lengua, que le dé algo nuevo'. En su discurso, el filólogo
afirmó que 'la vitalidad de nuestra lengua descansa en sus
recursos creativos', se refirió a 'las presuntas dolencias y
carencias de nuestro idioma', y a la degradación de la lengua,
producida, en parte, por el grave problema de los neologismos,
que se deben, dijo, a que 'recibimos no sólo el producto foráneo,
sino también su nombre'.
Lorenzo fue uno de
los principales introductores en España de la lingüística
comparada, se interesó por el movimiento estrictamente
contemporáneo de la lengua y por la presencia de germanismos o
anglicismos. Se situaba 'en la herencia del positivismo, de los
neogramáticos a los que pertenece la escuela de Menéndez Pidal,
y cerca del idealismo lingüístico de Vossler'. 'Algunos dicen
que tengo algo de chomskiano: en realidad, Noam Chomski era
alumno en la universidad americana en la que yo ya era profesor.
Él tenía veinte años y yo treinta, y creo que ya era un lingüista
hecho y derecho', declaró cuando ingresó en la Academia.
Para Lorenzo, 'el
inglés no tiene miedo al ridículo. Y además hace lo que no
hace el español: acude al latín como si fuera la propia lengua.
El español siente recelos y temores ante cualquier innovación,
y no llega al aprovechamiento exhaustivo de sus propios recursos
expresivos. Curiosamente, siendo el inglés una lengua germánica,
y el castellano una lengua romance, la mayor parte de los
neologismos latinos que se introducen ahora en nuestra lengua
nos vienen a través del inglés'.
Emilio Lorenzo fue
miembro de la Philological Society desde 1950 y poseía, entre
otras distinciones, la Medalla Goethe de Plata (1964), concedida
por el Goethe Institut; el Chevalier des Palmes Académiques, y
la Gran Cruz del Mérito de la República Federal de Alemania.
Doctor honoris causa
por las universidades de Sevilla y Salamanca, fue también
presidente honorario de la Asociación Española de Estudios
Angloamericanos, socio de honor de la Asociación Profesional
Española de Traductores e Intérpretes y colegial de honor del
Colegio de Doctores y Licenciados de Madrid.
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