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Es
noticia el fallecimiento de nuestro académico Emilio Lorenzo
Criado. Lo conocí bien, pues soy de Puerto Seguro y sólo unos
años más joven que él.
Eran los tiempos de la guerra civil del 36 y a él le tocó
marchar al frente de batalla, mientras su padre, que había
quedado en Madrid y era militar de profesión, hubo de luchar en
el bando contrario; los dos obligatoriamente. Trágica situación,
pero, por fortuna, todo terminó bien y padre e hijo pudieron
abrazarse después de la contienda.
Hoy se habla mucho y favorablemente de este académico que
calculo dedicó al estudio de las lenguas unos setenta años.
Se habla y escribe de sus éxitos, de sus medallas y homenajes,
de sus elevados puestos como intelectual. Menos, de su perfil
humano tan importante hoy y siempre: por eso, con mi modesta
pluma lo haré yo ahora. He realizado un estudio de investigación
hace poco, en el libro titulado Puerto Seguro. Un
retazo de
su historia, en el que dedico más de seis páginas a este
hijo ilustre y destacado intelectual y al que dediqué un
ejemplar no hace mucho que él me agradeció con rapidez y
sencillez.
Como hombre o persona humana, Emilio Lorenzo fue desde niño y
joven de carácter sencillo, humilde, bondadoso, profundamente
religioso y de alta moral, abierto a todo y a todos, con
capacidad de comprensión y estima hacia los más humildes, con
constancia en sus virtudes durante toda su vida. Fue en verdad
un hombre íntegro.
Como intelectual, ya conocido por la prensa y por su alto puesto,
lo podemos considerar un ejemplo de constancia y trabajo
dedicado al estudio durante toda su vida. Ha sido excepcional
por su inteligencia y sus virtudes, pero también por haber
sabido orientar sus capacidades hacia el bien sin desviarse nunca.
Puerto Seguro, su pueblo natal, al que él amaba con sencillez y
naturalidad, le dedicó en 1994 un sencillo pero cálido
homenaje descubriendo una lápida en su honor en la çasa de su
nacimiento.
Descanse en paz y sírvanos a todos de ejemplo sur virtudes y su
capacidad y voluntad para el trabajo intelectual.
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